martes, 30 de junio de 2009

la soledad arde

(Elche, 27 de junio de 2oo9)

MONTE PERDIDO

¿Dónde estamos
cuando estamos solos?

¿Quién escucha
lo que decimos a Dios?

Si la soledad arde
en su fuente, si el silencio
asola la boca, ¿quién nos hará temblar?


(Ángel Gracia, Libro de los ibones, Zaragoza, Aqua, 2oo5, p. 69).

lunes, 29 de junio de 2009

sin temor

(Elche, 27 de junio de 2oo9)

Nadie pudo escribir con mejor letra
que el pájaro en la nieve esta mañana.
Yo me llamo gorrión y te lo digo
en trazos cuneiformes, sin temor
a que lo lean otros. Sólo el sol,
y nada más que el sol, podrá borrarlo.

(Andrés Trapiello, El gorrión y sus cómplices, Valencia, Pre-Textos, 2oo4, p. 10)

lunes, 15 de junio de 2009

vivir para cantar

(Feria del Libro de Madrid, 7 de junio de 2oo9)

GRILLO

Qué buen quehacer el tuyo: vivir para cantar.
¿Y qué mejor canción que tu vivir
soñando o transviviendo,
sentirte transcurrir y convivir?
Oigo sonar la vida que nos llama;
no te entretengo más; no me entretengas tú;
cada uno a su oficio.
Vozarrón, que compongas; a la noche nos vemos.
Tú música y mis versos; la alegría; a qué más.

(Luis Feria, Casa común, Valencia, Pre-Textos, 1991, p. 22)

martes, 12 de mayo de 2009

una canción

"Una tarde de comienzos de diciembre recibió un mensaje de teléfono. Su amiga estaba trabajando en la estación de trenes, y le preguntaba si estaba libre para llevarle un par de calcetines. (Quiero decir que ella le pedía algo tan íntimo a él, con quien sólo había compartido dos o tres cervezas y cuatro o cinco sonrisas.) Los suyos se habían empapado con la inesperada lluvia y temía enfermar, pues no podía secarlos ni descalzarse en la estación, que era como una embajada de la Antártida. Él necesitaba correr y corrió, y le llevaba además una canción. Le colocó los auriculares con cariño torpe, pulsó un botón y comenzó a sonar "El sitio de mi recreo". Ella la escuchó agachada, con los ojos abiertos y una camiseta verde, y durante casi cuatro años ninguno de los dos volvió a sentir frío en los pies."

(Fermín Bergia, El hombre del tiempo, Aranjuez, Los libros de la gente, 2oo4, p. 72).

domingo, 10 de mayo de 2009

sensaciones líquidas

(Chicago, 4 de abril de 2oo9)

"En junio de 1991 Samuel Soriano terminó la Educación General Básica, el octavo curso, lo que entonces todavía se conocía como “el colegio”. Acababa de cumplir catorce años. Sus padres discutieron con él diversas posibilidades para su futuro inmediato, posibilidades que incluían el acceso directo a la universidad, desde luego, pero también escuelas privadas en Estados Unidos o en Holanda, un centro de investigación en Barcelona, colegios especiales para niños superdotados. Durante tres semanas, durante cada una de las noches de las tres semanas siguientes a la conclusión de la E.G.B., Samuel no fue capaz de dormir, o sí, pero cuando dormía sus sueños se poblaban de sensaciones líquidas y Samuel se despertaba en mitad de la noche mareado y atónito, como si acabara de sobrevivir a un naufragio. Pensaba: no quiero ser diferente. Pensaba: no quiero madurar, no quiero crecer, no quiero que mi situación se modifique. Pensaba: no quiero dejar el colegio. Pensaba: ojalá fuera un mal estudiante y hubiera repetido este curso, para no tener que decidir, para no tener que decidir ahora. Pensaba: me gustaría ir a un instituto público con el resto de los chicos y chicas de mi edad, y que no hubiera ninguna otra posibilidad. Pensaba: no quiero morirme nunca, no quiero que nadie muera nunca, no quiero saber qué cosa es la muerte. Pensaba: todavía no he hecho en mi vida nada que merezca la pena.
[...]"

(Miguel Serrano Larraz, Órbita, Candaya, Canet de Mar, 2oo9.)
Órbita se presenta en la librería madrileña Tres Rosas Amarillas el 19 de mayo.

lunes, 27 de abril de 2009

Órbita



Nada termina nunca

Órbita

Miguel Serrano Larraz. Candaya. Canet de Mar, 2009. 192 páginas

De vez en cuando llegan libros que, aparte de lo que nos hacen disfrutar, contribuyen a desnudar la inanidad de buena parte del resto. ¿Qué tipo de crítico es el que no reconoce de lejos la diferencia entre unos y otros, o el que no detecta el talento, o el que entona el perverso “todo vale”? ¿Quién, por ejemplo, no ha comprendido todavía que en Zaragoza hay más poetas que poesía, y mucha gente a la que le gusta más publicar que escribir, o que prefiere publicar quince libros malos a ofrecer uno bueno?...

Nuestra tierra vive un excelente momento literario, pero no por la asfixiante cantidad de escritores sino por la insobornable calidad de unos pocos entre ellos, y Órbita viene a colocar a Miguel Serrano en la nómina de lo mejor que tenemos. Su primera novela, Un breve adelanto de las memorias de Manuel Troyano (Eclipsados, 2007), decepcionó a algunos de quienes sabíamos que era capaz de escribir una narrativa como la que hoy nos trae aquí, pero ahora le vemos convertido ya en ese escritor que podía llegar a ser, y por mi parte estoy seguro de que aún seguirá creciendo.

El humor descarriado e intrascendente de aquel debut narrativo se convierte en estos nueve cuentos en ironía brillante y bien medida, que lo es por acompañar a la emoción, por enriquecer y colorear la inteligencia, por rematar el acierto literario. En el primer cuento, una obra maestra que da título al volumen (con un primer párrafo estrictamente inolvidable), pasamos del pícaro Troyano al superdotado Soriano, es decir, de la antiépica corrosiva a la cotidianeidad y la cercanía, y salimos ganando, pues si aquél era un pobre diablo sin rumbo éste es un joven no menos despistado pero con muchas más posibilidades (que se multiplican en el magistral desenlace abierto). “Shaman’s Blues”, en cambio, decae en el anecdótico final, pero antes ha acertado a expresar con enorme belleza la candidez impaciente de los quince años y el amargo naufragio de los dieciocho. En él ya son nítidas sus deudas con Roberto Bolaño (que se hacen más concretas en otras partes del libro: ese siniestro “enorme coche negro” en la penúltima página de “Y así sucesivamente”...), pero por fin un narrador joven comprende que asumir y aprovechar los tremendos descubrimientos del chileno pasa necesariamente por no intentar imitarlos. “Estrategia del aplauso”, sin ir más lejos, es otra preciosa crónica de una juventud vivida con tanta intensidad como desorden, y en la que, de nuevo, el argumento no importa tanto como la melodía. Sus páginas son paralelas a las de otro joven bolañiano, el colombiano Juan Sebastián Cárdenas, cuyos personajes narran los años en que “la vida y los libros se escribían con la misma mano” (Carreras delictivas, Madrid, 451 Editores, 2008).

Este libro, en fin, ofrece y desarrolla nueve buenas ideas, pero yo he disfrutado sobre todo de la poesía con la que las envuelve y les da forma. No ha habido últimamente muchos libros así entre nosotros, así que, por favor, entren en Órbita en cuanto puedan.

(Reseña aparecida en el suplemento 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón, 23 de abril de 2oo9. El 19 de mayo presentaré Órbita, junto a Miguel Serrano, en la librería madrileña Tres Rosas Amarillas.)

viernes, 24 de abril de 2009

un lazo hermoso

(Madrid, 21 de abril de 2oo9)

UNA CARTA

Leo las rayas
del arado en la tierra

cocino con un aceite de nueces
que me venden los vecinos

también hacen un licor de naranja
y a veces nos emborrachamos

la gente trabaja mucho
y es tranquila

los domingos
las mujeres se ponen un lazo hermoso
en la garganta

es una maravilla la nieve
ahora los copos son cristales

ya se me acabo el dinero
y no quiero regresar

(Gustavo Adolfo Garcés, poema incluido en la revista mexicana El perro, nº 8, p. 7)