AL FINAL DEL VERANO
Al final del verano vuelven los niños,
corren por el malecón, corren en el viento.
Tuve miedo de que no volvieran.
Porque los niños a veces no
regresan. No se sabe por qué
pero también ellos
mueren.
Ellos, frutos solares:
naranjas granadas
caquis. Jugosos
en el otoño. El que vive dentro de mí
también ha vuelto; continúa corriendo
en mis días. Siento sus ojos
reír; sus ojos
pequeños brillar como clavos
cromados. Siento sus dedos
cantar con la lluvia.
El niño ha vuelto. Corre en el viento.
(Eugénio de Andrade, Materia solar, Barcelona, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2oo4, p. 343.)