
LO DE SIEMPRE, DE NUEVO
Canciones de Juan
Perro
Santiago Auserón
Prólogo de Jenaro Talens. Salto de Página. Madrid, 2012. 160
páginas.
Uno no sabe
mucho de nada y no sabe nada de muchas cosas, pero, aunque la música y su
historia forma parte de la inmensidad de lo que ignora, de vez en cuando se
asoma con curiosidad y provecho a ensayos sobre el tema (últimamente Alex Ross,
Pascal Quignard, Eugenio Trías o ese ensayo sobre La música de los
clásicos que el zaragozano Jorge Bergua Cavero acaba de publicar en
Pre-Textos...), ante los que siempre se propone curiosear más, decidirse de una
vez a saquear la discoteca de su padre (un melomano que opina que la música se
terminó hacia 1880...) y recorrer metódicamente, siglo a siglo, los mejores
sonidos obtenidos por la humanidad.
Por otro lado, asomarme a la música
supondría en realidad volver atrás en mi tiempo, pues mucho antes de los libros
estuvieron las canciones, y, por ejemplo, el espíritu celebrativo y la
inteligencia positiva de las letras de R.E.M., o la melancolía razonada de las
de Counting Crows, han sido más importantes para mí que casi cualquier poema.
Muchas veces la poesía de esas
palabras es completamente inseparable de la melodía en que están sumergidas,
pero otras veces esas 'lyrics' soportan perfectamente su traslado al papel, y
leyéndolas en el negro sobre blanco de los libretos ya se muestran soberbias y
convincentes, completas sin necesidad de pulsar el play. En ese sentido, uno
de los mejores poetas aragoneses vivos se llama Santiago Auserón, y a las
determinantes Canciones de Radio Futura (que Pre-Textos publicó en 1999),
se añaden ahora, gracias a la meritoria nueva colección de poesía de Salto de
Página, estas Canciones de Juan Perro, y de nuevo con presentación
de Jenaro Talens. Tal vez sea por prosaicas cuestiones generacionales, pero en
mi opinión éstas son todavía mejores que aquéllas, más sabias y ricas, más
conscientes de su profundidad..
Se ha destacado muy a menudo lo que
Auserón, desde su proyecto "La huella sonora", tiene de investigador,
de historiador de las raíces de la música popular. Sus canciones no sólo
suponen un eslabón que amplía y enriquece ese caudal imparable, sino que se
convierten en una revisión erudita de los ritmos y sones de las distintas
tradiciones, fundamentalmente hispánicos y latinos, especialmente caribeños,
pero también africanos o árabes, todo lo cual, unido a su decisivo protagonismo
en la formación del imaginario cultural español de los 80 (Radio Futura fue
parte constitutiva de aquellos años, y su repertorio es uno de los que con
mayor firmeza y solidez han perdurado) le hizo merecedor en 2011 del Premio
Nacional de Músicas Actuales.
Basta leer el precioso epílogo que
Auserón ha escrito para este libro para hacerse cargo de la honda conciencia
con la que trabaja, para confirmar que su talento compositor está acompañado de
sabiduría teórica, que la intuición instintiva y silvestre del creador no es
incompatible con el conocimiento sereno del analista. Pero él sugiere más
diferencias de las tal vez necesarias entre canción y poema: aparte de la
certeza de que el origen de la poesía es musical, el único condicionamiento a
veces indeseado que la música imponía era el de la rima, y en nuestro tiempo
cada vez más letristas se atreven con el verso libre (el propio Auserón lo ha
hecho, como en la estupenda "La noche de fuego"), y más músicos
escriben pentagramas para poemas que jamás imaginaron ser cantados (y en ese
sentido es justo destacar el magnífico trabajo del también zaragozano Gabriel
Sopeña).
Con el mismo desenfado con el que
hace treinta años Auserón escribió páginas de un idioma urbano que hoy son
himnos, con su disfraz trovadoresco de Juan Perro lleva dos décadas explorando
y continuando sin complejos una simbología remota. Exigente con quien le
escucha (estamos hablando de un poeta sencillo, no de un poeta fácil), logra
decir cosas nuevas e incluso insólitas con los pocos materiales de siempre,
forjados en comunidades pequeñas y con un entorno de referencias limitado y
siempre repetido que, paradójicamente, amplía las posibilidades del poeta no
aturdido por la abundancia bulímica de la modernidad. Canciones como "Esta
tierra no tiene corazón", "El agua de los ríos", "Cántaro
roto" o esa impagable canción de cuna titulada "Duerme zagal"
son infinitamente ricas en su sencillez y su aparente ingenuidad. Éstos y otros
más sugerentes y menos accesibles, como "Yo te cito", son poemas de
amor, temor y muerte que hablan con laboriosa humildad de todo lo que importa,
recurriendo a claves tradicionales que no repelen elementos modernos o
referencias históricas y que entremezclan sin conflictos humor y seriedad,
levedad y circunspección, alegría y misterio. Todo lo que conforma la corriente
principal del río infinito de la poesía.
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