Es Navidad, nunca he estado tan solo. Ni siquiera nieva como en los versos de Pessoa o en los bosques de Nueva Inglaterra. Dejo correr los ojos entre el fulgor de los claveles y los caquis ardiendo en la sombra. Quien tiene así el verano dentro de casa no debería quejarse de estar solo, no debería.
(Eugénio de Andrade, Materia solar y otros libros. Obra selecta (1980-2002), Barcelona, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, p. 255. Trad. de Ángel Campos Pámpano).
"Ah, aquellos días... Muchos años después, su felicidad todavía me obsesionaba. A veces, cuando oigo música, me dejo llevar y nada ha cambiado. El largo final del verano. Un día caluroso tras otro, voces que suenan mientras llega la noche y las ventanas encendidas puntean la oscuridad; y, al amanecer, el rumor del trigo y el olor caliente de los campos maduros para la siega. Y ser joven. Si me hubiese quedado allí, ¿habría sido feliz siempre? No, supongo que no. La gente se traslada, envejece, muere, y la luminosa creencia de que habrá alguna otra maravilla a la vuelta de cada esquina se desvanece. Es ahora o nunca; debemos agarrar la felicidad antes de que eche a volar".
(J.L. Carr, Un mes en el campo, Valencia, Pre-Textos, 2oo4, p. 105. Traducción de José Manuel Benítez Ariza).
"Sólo hay un modo de fracasar en la vida: no vivirla. Pero vivir la vida no es experimentar muchas cosas, el amor, por ejemplo. Vivir la vida es sentirla como presencia misteriosa. Aunque sólo sea paseando".
(César Simón, Perros ahorcados, Valencia, Pre-Textos, 1997, p. 16).
"... para todos los prisioneros, del primero al último, el pasado era maravilloso. Cuanto más dura había sido la vida de un hombre antes del campo, mayor era el fervor con el que mentía. Aquellos embustes no servían a ningún objetivo práctico: representaban un himno a la libertad: un hombre fuera del campo no podía ser desgraciado"
(Vasili Grossman, Vida y destino, Barcelona, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2oo7, p. 14)
(Alain Claude Sultzer, El camarero perfecto, Barcelona, El Aleph, 2007, p. 11. Trad. de Ignacio Romero).
"Mis pensamientos: ésos son mis rameras"
(Denis Diderot, El sobrino de Rameau, Madrid, Nórdica Librios, 2oo8, p. 12. Trad. de Ana Mª Patrón).
..."vivir, me di cuenta, no había supuesto para mí una acumulación progresiva de experiencias, amigos o lecturas, sino su absoluta dispersión, aunque quizás la palabra adecuada sea despilfarro."
(16 de noviembre de 2oo7: Parque Nacional de Thingvellir, en Islandia).
-¿Para qué sirven las espinas? El principito no renunciaba jamás a una pregunta una vez que la había formulado. Irritado por la resistencia que me oponía el perno, le respondí lo primero que se me ocurrió: -Las espinas no sirven para nada; son pura maldad de las flores. -¡Oh! Y después de un silencio, me dijo con una especie de rencor: -¡No te creo! Las flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como pueden. Se creen terribles con sus espinas… No le respondí nada; en aquel momento me estaba diciendo a mí mismo: "Si este perno me resiste un poco más, lo haré saltar de un martillazo". El principito me interrumpió de nuevo mis pensamientos: -¿Tú crees que las flores…? -¡No!, !No! Yo no creo nada! Te contesté cualquier cosa para que te calles. Tengo que ocuparme de cosas serias. Me miró estupefacto. -¡De cosas serias! Me miraba con mi martillo en la mano, los dedos llenos de grasa e inclinado sobre algo que le parecía muy feo. -Hablas como los adultos. Me avergonzó un poco. Pero él, implacable, añadió: -¡Lo confundes todo!… ¡Todo lo mezclas!… Estaba verdaderamente irritado; sacudía la cabeza, agitando al viento sus cabellos dorados. -Conozco un planeta donde vive un señor muy colorado, que nunca ha olido una flor, ni ha mirado una estrella y que jamás ha amado a nadie. En toda su vida no ha hecho más que sumas y restas. Y todo el día se lo pasa repitiendo como tú: "¡Soy un hombre serio, soy un hombre serio!"… Al parecer esto le llena de orgullo. Pero para mí no es un hombre, ¡es un hongo! -¿Un qué? -¡Un hongo! El principito estaba pálido de cólera. -Hace millones de años que las flores tiene espinas y hace también millones de años que los corderos, a pesar de las espinas, se comen las flores. ¿Acaso no es serio averiguar por qué las flores pierden el tiempo fabricando unas espinas que no les sirven para nada? ¿Es que no es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es esto más serio e importante que las sumas de un señor gordo y colorado? Y si yo sé de una flor única en el mundo y que no existe en ninguna parte más que en mi planeta; si yo sé que un buen día un corderillo puede aniquilarla sin darse cuenta de ello, ¿es que esto no es importante? El principito enrojeció y después continuó: -Si alguien ama a una flor de la que no existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira las estrellas. Puede decir satisfecho: "Mi flor está allí, en alguna parte…" ¡Pero si el cordero se la come, para él es como si de pronto todas las estrellas se apagaran! ¿Y esto no es importante? No pudo decir más y estalló bruscamente en sollozos. La noche había caído. Yo había soltado las herramientas y ya no importaban nada el martillo, ni el perno, ni la sed, ni la muerte. Había en una estrella, en un planeta, el mío, la Tierra, un pequeño príncipe a quien consolar. Lo tomé en mis brazos y lo mecí diciéndole: "La flor que tú amas no corre peligro… Dibujaré un bozal para tu cordero y una armadura para la flor… Te…". No sabía qué decirle, cómo consolarle. Me sentía tan torpe que no sabía cómo llegar hasta él.
"Yo no quiero salvar mi alma. Sólo quiero salvar a un niño enfermo. La vida es un tablao flamenco. Pero también es una falsificación. Hay quienes jamás lo descubren. Pero no me importa el alma. Porque el alma es una ventana que puede cerrarse. No me interesa el alma. Sólo me interesa el calendario. Aunque no sepa en qué día me encuentro."
(Fernando Sanmartín, Heridas causadas por tres rinocerontes, Zaragoza, Xordica, 2oo8, p. 47).
(16 de noviembre de 2oo8: Sofía Castañón en Madrid)
Hablamos de la mañana ancha temiendo que conociesen nuestro secreto, que nos pasasen coches por encima al descubrir -ellos, que siempre van con prisa- que tenemos alquitrán en el pecho, que padecemos la gripe de los siameses o alguna otra alergia tan mortal como perder un órgano o un hueso hermano. La mañana ancha, el sol que parecía inofensivo, nosotros tan vivos y con tanto miedo.
"Hay un dolor inherente a la fotografía, ya que la fotografía refleja siempre un momento pasado, nunca un momento presente. Las fotos dan testimonio de cómo éramos, cómo vestíamos, cuál era nuestro entorno. Hacer retratos es, de alguna manera, coleccionar cadáveres."
(Alberto García-Alix habla con Mireia Sentís y José Luis Gallero, Madrid, La Fábrica, 2oo1, p. 14).
(22 de junio de 2oo8: Playa de la Griega, en Colunga -Asturias-).
-Tú no eres el verano. No sabes lo que es pintar un cuadro. Si fuera inteligente me enamoraría de ti. Y entonces se me iría el tiempo. Tienes que saber que un hombre sólo trabaja si tiene amigos que lo entiendan.
(Cesare Pavese, El bello verano, Valencia, Pre-Textos, 2oo6, p. 102. Trad. de Fernando Sánchez Alonso).
(28 de octubre de 2oo8: celebrando los 30 años de Pablo Jarauta). Fotografía de Elena Medel.
Del lado del amor duerme mi cuerpo.
Del lado del amor duerme mi cuerpo desde niño. He cumplido 30 años. No escribo mi futuro ni mi pasado. Sea la medida de todo el corazón. He cumplido también sueños y miedos. Sea también. He pisado un septiembre de lágrimas, amargo como frontera atrás, como vendimia irremediable. Y eso era el dolor. Ahora he comprendido que es necesario el ciervo, y es necesario el tigre. Afirmo todo aquello que negué. Cómo me salvaré sino queriendo. He tenido al que fui con 19 años en mis brazos y lo he visto feliz. He percibido cómo mi cuerpo transmitía esa felicidad, que iba de mis labios a sus labios, de mi torso a su torso, de mi piel a la suya. Sé que los iletrados y los tímidos conocen la verdad. Pierdo mi tiempo dejando este reguero largo de sílabas, porque movido a resplandor, resuelto en poema, será inapagable luz que llegará algún día hasta el oscuro centro de tus ojos.
(Juan Antonio González Iglesias, Esto es mi cuerpo, Madrid, Visor, 1997).
"Lo primero, no te alteres. Pues todo es conforme a la naturaleza universal, y dentro de poco tiempo no serás nadie en ninguna parte, como tampoco lo son Adriano o Augusto. Luego, abriendo bien los ojos al asunto, y teniendo en cuenta que tu deber es ser un hombre bueno y qué es lo que exige la naturaleza humana, cumple con aquél sin dejarte doblegar y como te parezca más justo, únicamente con benevolencia, modestia y sinceridad.
La naturaleza universal tiene este cometido: lo que está aquí trasladarlo allí, cambiar, quitar de acá y llevar allá. Todo es cambio, sin que haya que temer nada anormal. Todo es habitual".
(Marco Aurelio, Meditaciones (Libro VIII, 5-6), Madrid, Alianza... Versión de Bartolomé Segura Ramos).
"Pero basta por completo con que yo mismo sepa lo que soy, y con que sea yo mismo el que mejor informado esté sobre mi persona. A menudo las apariencias engañan, señor mío, y lo mejor es dejar el juicio sobre una persona a esa misma persona. Nadie puede conocer tan bien como él mismo a un hombre que ha visto y vivido tanto. A veces ando errante en la niebla y en mil vacilaciones y confusiones, y a menudo me siento miserablemente abandonado. Pero pienso que es bello luchar. Un hombre no se siente orgulloso de las alegrías y del placer. En el fondo lo único que da orgullo y alegría al espíritu son los esfuerzos superados con bravura y los sufrimientos soportados con paciencia. Pero no gusta derrochar palabras a ese respecto. ¿Qué hombre honrado no ha estado desvalido nunca en su vida, y qué ser humano ha mantenido por completo intactos a lo largo de los años sus esperanzas, planes, sueños? ¿Dónde está el alma cuyos anhelos, osados deseos, dulces y elevadas concepciones de la felicidad se cumplieron, sin tener que hacer descuentos en ellas?".
(Robert Walser, El paseo, Madrid, Siruela, 1996, pp. 16-17. Trad. de Carlos Fortea).
"Y pasan los días, y los meses. Y las estaciones. A veces, me gustaría dar marcha atrás y volver a vivir todos esos años mejor de lo que los viví. Pero ¿cómo?"
(Patrick Modiano, Un pedigrí, Barcelona, Anagrama, 2oo7, p. 105).
(12 de junio de 2oo8: Bodegón en un chalet de Madrid)
"Matías tenía muchas cosas que hacer por la tarde, cómo no; pero le pasó lo mismo que suele pasar siempre que se tienen muchas cosas que hacer. Es decir, cada vez que tenemos A, B y C para hacer, siempre empezamos a hacer D. Y eso no es lo peor; lo peor es que D no tiene nada que ver con A, con B o con C. Es más, D suele tener más relación con E y con F que con A, B o C. Y no sólo eso; en el peor de los casos, esa D puede incluso llegar a tener algún oscuro negocio con H o con V. Y es así como se desperdician muchas tardes y muchas mañanas y muchas noches de los que en principio son buenos trabajadores, o buenas personas, o buenos tíos para sus sobrinos".
(Unai Elorriaga, El pelo de Van't Hoff, Madrid, Alfaguara, 2oo4, p. 111).
"Todos tenemos idéntico espíritu, pero, con todo, lo más extraño son las vacas, ningún otro ser vivo está tan lleno de espíritu y vida, la ubre que se dobla de savia y la fecundidad y el vientre que tienen en el que caben cuatro estómagos y dentro de todos ellos hay vida, y sus ojos que entienden y perdonan casi todo, y la piel que se estremece de alegría. Las vacas, las vacas han sido revestidas de fuerza espiritual".
(Torgny Lindgren, "La hermosura de Merab", en Agua y otros cuentos, Madrid, Nórdica Libros, 2oo8, p. 41. Traducción de Marina Torres).
(10 de noviembre de 2oo7: cerca de las cataratas de Gullfoss, en Islandia)
"El tren olía a bolígrafo. Y Matías acababa de escuchar esta conversación en el andén, justo antes de entrar al tren: -Por favor, yo voy a Lerton. Mi tren, por favor -una mujer anaranjada. -Como no vaya usted al helipuerto -el jefe de estación. -¿Cómo? -No hay trenes. A Lerton quiero decir. No hay estación. Quiero decir que no hay estación en Lerton. Claro -el jefe de estación. -¿Y cómo lo sabe usted? -Por intuición. -¿Y en autobús, podría ir? -Sí, en autobús sí. Si compra usted un autobús. Eran pesadas las maletas de Matías, y llevaba una en la mano derecha y la otra en la izquierda. Llevaba también las ganas de ir al baño, exactamente detrás de la cremallera del pantalón; también eso llevaba, exactamente en la mitad de los dos bolsillos delanteros. Y también eran pesadas las ganas de ir al baño".
(Unai Elorriaga, El pelo de Van't Hoff, Madrid, Alfaguara, 2oo4, p. 9).
Hay palabras de plástico, sentimientos de plástico, y caras de plástico, te dije el día que hablamos de Jude Law. Y tú, con las manos llenas de tierra, me enseñaste que por dentro somos sucios y hermosos.
(Sofía Castañón, Animales interiores, Oviedo, Trabe, 2oo7, p. 38).
L' astronome qui regarde en bas
Lavas las manos en lo profundo del cosmos mientras me miras con sonrisa dulce y dices que me entiendes.
(Sofía Castañón, Últimas cartas a Kansas, Córdoba, La Bella Varsovia, 2oo8, p. 36).
"Qué preparados estamos para un mundo distinto a éste".
(Henry David Thoreau, Escribir. (Una antología), Valencia, Pre-Textos, 2oo8, p. 51. Traducción de Javier Alcoriza, Antonio Casado da Rocha y Antonio Lastra).
"Con todo, al mismo tiempo sé de sobra que nada podrá colmarme, porque ésa es la primera condición de la vida: desear siempre. De otro modo, la vida dejaría de ser. Es uno de los principios de la vida, estar por siempre sin colmarse. La plenitud no basta para colmar nada. Solamente las piedras no desean nada, aunque, ¿quién sabe?, tal vez en las piedras también haya agujeros que nunca hemos descubierto".
(J.M. Coetzee, En medio de ninguna parte, Barcelona, Mondadori, 2oo3, p. 157. Traducción de Miguel Martínez-Lage).
(9 de septiembre de 2oo8: Sobre la playa de Barcelona)
"Por la época en que estudiaba segundo o tercero en el colegio de niñas, nos preguntaron en un examen de gramática inglesa la voz activa y pasiva de los verbos. Golpear, ser golpeado; ver, ser visto. Entre muchos ejemplos de esa índole, brillaba esta pareja de palabras: amar, ser amado. Mientras cada alumna examinaba las preguntas meditando con atención y chupando la punta del lápiz, una de ellas, no sin malicia, hizo circular un trozo de papel, y la chica que estaba detrás de mí me lo pasó. Cuando lo tuve ante los ojos, me topé con una pregunta: "¿Deseas amar? ¿Deseas ser amada?". Y bajo las palabras "Deseas ser amada" aparecían numerosos círculos trazados con tinta, con lápiz azul o rojo. En cambio, bajo las palabras "Deseas amar" no figuraba ningún signo. No fui una excepción y añadí una marca más debajo de "Deseas ser amada" [...] Pero, durante aquel examen, la alumna sentada a mi lado cogió el papel, le echó un vistazo y, sin vacilar, trazó un gran círculo, apretando bien el lápiz, en el sitio en que no figuraba ningún signo. Ella deseaba amar. Aun hoy, recuerdo perfectamente que en aquel momento me sentí desconcertada, como si me hubiesen atacado de repente a traición; con todo, en el mismo instante, me invadió un leve sentimiento de rebelión, a causa de la actitud intransigente de mi compañera. Era una de las alumnas más grises de la clase, una muchacha apagada, más bien encerrada en sí misma. Ignoro qué habrá sido de su vida, con su pelo tirando a castaño y siempre sola. Pero hoy, mientras escribo esta carta, ya más de veinte años después, me vuelve el rostro de aquella muchacha solitaria, como si sólo hubiese transcurrido un breve espacio de tiempo".
(Yasushi Inoué, La escopeta de caza, Barcelona, Anagrama, 2oo3 -3ª ed.-, pp. 94-95. Traducción de Javier Albiñana y Yuna Alier).
"[...] Estoy harta de ego, ego, ego. El mío y el de los demás. Estoy harta de que todo el mundo quiera llegar a alguna parte, hacer algo notable, ser alguien interesante. Es repugnante [...] Me da miedo ver que acabaré compitiendo, eso es lo que me asusta. Por eso dejé el curso de teatro. Precisamente porque estoy tan horriblemente condicionada a aceptar los criterios de los demás, y precisamente porque me gusta el aplauso y que la gente me admire, pero eso no lo justifica. Me avergüenzo de ello. Me da náuseas. Me asquea no tener el valor de no ser nadie en absoluto. Me da asco de mí misma y de todos los que quieren causar sensación -hizo una pausa y de pronto cogió el vaso de leche y se lo llevó a los labios".
(J.D. Salinger, Franny y Zooey, Madrid, Alianza Editorial, 1997 -4ª reimpresión-, pp. 29-30. Traducción de Maribel de Juan).
(1 de mayo de 2oo8: Almudena Vidorreta Torres en Punta Umbría)
Déjame caer en la tentación, déjame que caiga una vez más y escriba la voz de tu carne, si es que tiene, por activa y por pasiva, convertirme en tu cuerpo del delito y rezarles a tus vísceras sagradas para que me empujen a pecar otra vez. Déjame caer en la tentación o al menos deja que lo escriba, que invente cómo me empapo de tu piélago tan lejos e inaccesible desde ahora para cualquier otro ser humano de la Tierra... prefiero un océano de tinta, un mar inabarcable de palabras mientras sueño con ahogarme en ti. Déjame pecar; te daré mi carne desnuda y en verso libre, como quieras, mas no me dejes caer en la tintación y líbrame del mar.
Lo que sin detenerse desde muy lejos viene y ya se acerca e intensamente brilla unos momentos junto a nosotros y nos hace ser parte de su fulgor inusitado y después va alejándose y nos deja para siempre anhelantes en la sombra pero con la conciencia de que ardimos. El amor, la belleza, el existir: este sueño que somos.
(Eloy Sánchez Rosillo, Oír la luz, Barcelona, Tusquets, 2oo8, p. 79).
(23 de junio de 2oo7: En las afueras de Cercedilla)
"En la vida, en realidad, no hacemos más que cruzarnos con las personas. Con unas conversamos cinco minutos, con otras andamos una estación, con otras vivimos dos o tres años, con otras cohabitamos diez o veinte. Pero en el fondo no hacemos sino cruzarnos (el tiempo no interesa), cruzarnos y siempre por azar. Y separarnos siempre".
(2 de mayo de 2oo8: Ignacio Escuín Borao en Punta Umbría)
Hay varias cosas difíciles de entender tan pronto estás arriba como abajo te quieren o te odian y pasar desapercibido sólo es posible para algunos. Para entenderlo hay que saber qué suelo se pisa y cuál es el lugar indicado para ello. Los que vienen detrás saben que nada es eterno y luchan por pisar donde yo piso. Yo os regalo mi baldosa, tomadla. Y tened cuidado, es una trampa: después de ésta querréis otra. Por desgracia para mantenerse en pie existen dos opciones: irse muy muy lejos o morder para sostenerse.
(14 de diciembre de 2oo7: Daniela Martín Hidalgo en la Residencia de Estudiantes)
Última contemplación del mar
Bajo la incisión de las estrellas una hoguera extendida que se apaga, este mar apretado de la noche en el agua constante.
Si cuando una manta de tiempo pase mirarán otros como estoy mirando.
(Este poema pertenece a la serie Cosas venidas del mar, con la que Daniela Martín Hidalgo ganó el primer premio de la edición de 2oo6 del Certamen de Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Madrid)
(22 de julio de 2oo7: Parque del Retiro, en Madrid).
"Las personas que se asustan me dan miedo", afirma uno de los personajes de los Cuentos de Torgny Lindgren, que, traducidos por Francisco J. Uriz, publicará Nórdica Libros en otoño.